El hambre de Dios

October 30, 2016

DISCERNIENDO EL HAMBRE (mensaje radiofónico)

 

(Amós 8.11–12) «He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.»

 

El hambre se ha tornado en uno de los fenómenos más apremiante, en el desafío más colosal de todos los tiempos.

 

Puede que a la puerta de nuestra casa no la veamos, pero sin lugar a dudas, existe.

Vemos el hambre de los miles de refugiados de guerra. Los ciclos de hambruna en el África, se cuela en nuestros hogares por medio del televisor, ventana por la que vemos los sucesos y las catástrofes del mundo.

 

Toda hambre es una catástrofe humanitaria, es una tragedia terrible, los artistas que ganan millones de dólares, prestan su imagen, pero no sus millones, pueden gastar millones de dólares en una fiesta, pero para el hambre solo prestan su imagen para salir unos segundos en un anuncio. Las organizaciones caritativas se tornan en unas multinacionales que devoran millones de dólares en campañas, en logística y en presencia.

 

Déjeme hablarle de un hambre que nunca saldrá en la televisión, ni en los periódicos, ni por la radio. Es hambre que el mundo arrincona, excluye, desdeña y omite completamente, la sociedad moderna no la reconoce como trascendente, no la atiende como vital, es más, se dedica a denigrarla, a desacreditarla, a tildarla de atraso y hasta denunciarla como fanatismo religioso.

 

Ahora ¿Qué es el hambre? Primeramente, conozcamos el sentido de la palabra hambre. Procede del latín «fames», y se describe como «un deseo violento provocado por la necesidad, por la escasez, la penuria de víveres (de paso víveres significa «lo que hace vivir, algo que es esencial para la vida».

 

Se describe como una necesidad urgente de alimento o de un nutriente. También es una sensación desagradable ocasionada por la ausencia de alimento. El hambre tiene efectos físicos y emocionales, afecta el cuerpo y también el alma, cabe recordar que el alma es la que gestiona o responde en lo emocional a todo procesamiento físico.

 

El hambre también afecta a los sentidos, al ánimo, al equilibrio emocional porque provoca una condición debilitante por la ausencia prolongada de comida, y esto, pasa de una sensación física a una preocupación mental.

Tenemos un refrán que dice «es más listo que el hambre», el hambre es tan poderosa que encuentra recursos imposibles.

 

La Biblia habla de otro tipo de hambre, «hambre de oír la palabra de Jehová». Como todos podemos entender este texto no se refiere al hambre que se origina en el estómago, sino en el oído. Este tipo de hambre es un despertar del oído para oír la palabra de Dios, es hambre de comunicación de Dios.

 

Cuando ésta hambre invade el corazón humano, no deja al hombre tranquilo, ni pasivo, ni indiferente, este tipo de hambre lo mueve a buscar con ahínco: citamos al profeta Amós: « E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová ». Notemos el énfasis: «irán errantes, discurrirán buscando».

 

 

Leer artículo completo en Meditaciones útiles

 

 

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